El camino que ha recorrido este palista no ha sido nada fácil. Salió a flote gracias a sus padres, su familia y sus compañeros. Él nunca dispuso de unas instalaciones dignas, ya que guardaba su piragua en una caseta de chapa, sin luz, ni agua, ni calefacción, ni tan siquiera una simple banqueta donde poder cambiarse, por falta de espacio.
En cuanto a las ayudas económicas, percibía las subvenciones establecidas por su comunidad, insuficientes para costearse los gastos de embarcación, pala, desplazamientos, etc.
Envió centenares de currículums y dosieres a empresas y jamás consiguió patrocinador, hasta lograr el oro de Pekín.
Por desgracia ese problema lo siguen sufriendo muchos compañeros que como Saúl, pertenecen a un deporte minoritario como es, por ejemplo, el piragüismo.
Esta falta de medios y recursos hacen que la victoria sepa mucho mejor, pero también ocasiona que muchos deportistas no lleguen a brindar estos triunfos y se queden por el camino.